Contaminación Mundial


La contaminación atmosférica y la salud a nivel mundial
octubre 2, 2008, 4:22 pm
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La contaminación, tanto en espacios interiores como al aire libre, constituye un grave problema de salud medioambiental que afecta a los países desarrollados y en desarrollo por igual. La contaminación atmosférica se estima que causa alrededor de dos millones de muertes prematuras al año en todo el mundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que si la contaminación por partículas en suspensión (PM10) se reduce de 70 a 20 microgramos por metro cúbico, pueden evitarse el 15 % de las muertes relacionadas con la calidad del aire. Y si se reduce el nivel de polución atmosférica, puede descender la carga de la morbilidad causada por infecciones respiratorias, cardiopatías y cáncer de pulmón. En estos momentos para la OMS la exposición a los contaminantes atmosféricos se halla fuera del control de los individuos y exige la actuación de las autoridades a escala nacional, regional e internacional.
Por ello, las Directrices sobre Calidad del Aire elaboradas por la OMS están concebidas para ofrecer una orientación mundial a la hora de reducir las repercusiones sanitarias de la contaminación del aire. Las primeras directrices, publicadas en 1987 y actualizadas en 1997, se circunscribían al ámbito europeo. Las nuevas, sin embargo, son aplicables a todo el mundo y se basan en las nuevas evidencias científicas.
La mala calidad del aire en espacios interiores también puede suponer un riesgo para la salud de más de la mitad de la población mundial. En los hogares donde se emplea la combustión de biomasa y carbón para cocinar y calentarse, los niveles de PM pueden ser entre 10 y 50 veces superiores a los recomendados en las directrices.
Partículas en suspensión (PM)
Las PM consisten en una mezcla compleja de partículas líquidas y sólidas de sustancias orgánicas e inorgánicas suspendidas en el aire. Las PM afectan a más personas que cualquier otro contaminante y sus principales componentes son: sulfatos, nitratos, amoníaco, cloruro sódico, carbón, polvo de minerales y agua. Se clasifican en función de su diámetro aerodinámico en PM10 (partículas con un diámetro aerodinámico inferior a 10 µm) y PM2.5 (diámetro aerodinámico inferior a 2,5 µm). Estas últimas suponen mayor peligro porque, al inhalarlas, pueden alcanzar las zonas periféricas de los bronquiolos y alterar el intercambio pulmonar de gases.
La exposición crónica a las partículas aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como de cáncer de pulmón. La polución atmosférica en espacios interiores procedente de combustibles sólidos constituye también un importante factor de riesgo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica y cáncer de pulmón entre los adultos. La mortalidad en ciudades con niveles elevados de contaminación supera entre un 15 % y un 20 % la registrada en ciudades más limpias. Incluso en la UE, la esperanza de vida promedio es 8,6 meses inferior debido a la exposición a las PM2.5 generadas por actividades humanas. Los valores recomendados son para PM2.5 y PM10, 10 y 20 μg/m3 de media anual, respectivamente.
Ozono (O3)
El ozono a nivel del suelo (que no debe confundirse con la capa de ozono en la atmósfera superior) es uno de los principales componentes de la niebla tóxica. Éste se forma por la reacción con la luz solar (fotoquímica) de contaminantes como los óxidos de nitrógeno (NOx) procedentes de las emisiones de vehículos o la industria y los compuestos orgánicos volátiles (COV) emitidos por los vehículos, los disolventes y la industria. Los niveles de ozono más elevados se registran durante los períodos de tiempo soleado.
El exceso de ozono en el aire puede producir efectos adversos de consideración en la salud humana, como problemas respiratorios, provocar asma, reducir la función pulmonar y originar enfermedades pulmonares. Actualmente se trata de uno de los contaminantes atmosféricos que más preocupan en Europa, donde diversos estudios han revelado que la mortalidad diaria y mortalidad por cardiopatías aumentan un 0,3 % y un 0,4% respectivamente con un aumento de 10 µg/m3 en la concentración de ozono.
El límite fijado de 100 mg/m3 de media en 8 horas se establece en base a la relación concluyente, establecida recientemente, entre el nivel de ozono y la mortalidad diaria en concentraciones inferiores a 120 mg/m3.
Dióxido de nitrógeno (NO2)
Como contaminante atmosférico, el NO2 puede correlacionarse con varias actividades: (1) en concentraciones de corta duración superiores a 200 mg/m3, es un gas tóxico que causa una importante inflamación de las vías respiratorias y (2) es la fuente principal de los aerosoles de nitrato, que constituyen una parte importante de las PM2.5 y, en presencia de luz ultravioleta, del ozono.
Las principales fuentes de emisiones antropogénicas de NO2 son los procesos de combustión (calefacción, generación de electricidad y motores de vehículos y barcos). Estudios epidemiológicos han revelado que los síntomas de bronquitis en niños asmáticos aumentan en relación con la exposición prolongada al NO2. La disminución del desarrollo de la función pulmonar también se asocia con las concentraciones de NO2 registradas actualmente en ciudades europeas y norteamericanas.
Las Directrices de la OMS para proteger a la población de los efectos nocivos para la salud del NO2 gaseoso establecen un valor actual de 40 µg/m3 (de media anual).
Dióxido de azufre (SO2)
El SO2 es un gas incoloro con un olor penetrante que se genera con la combustión de fósiles (carbón y petróleo) y la fundición de menas que contienen azufre. La principal fuente antropogénica del SO2 es la combustión de fósiles que contienen azufre usados para la calefacción doméstica, la generación de electricidad y los vehículos a motor.
SO2 puede afectar al sistema respiratorio y las funciones pulmonares, y causa irritación ocular. La inflamación del sistema respiratorio provoca tos, secreción mucosa y agravamiento del asma y la bronquitis crónica; asimismo, aumenta la propensión de las personas a contraer infecciones del sistema respiratorio. Los ingresos hospitalarios por cardiopatías y la mortalidad aumentan en los días en que los niveles de SO2 son más elevados. En combinación con el agua, el SO2 se convierte en ácido sulfúrico, que es el principal componente de la lluvia ácida que causa la deforestación.
La concentración de SO2 en períodos promedio de 10 minutos no debería superar los 500 µg/m3. Los estudios indican que un porcentaje de las personas con asma experimenta cambios en la función pulmonar y síntomas respiratorios, tras períodos de exposición al SO2 de tan sólo 10 minutos. Los valores de concentración de SO2/día, se han establecido en 20 g/m3.




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