Posts Tagged ‘contaminación atmosférica’

Que es la contaminación atmosférica?

Como profesor de materias relacionadas con el medioambiente trato de inculcar a mis alumnos, que la contaminación en general, y en particular la atmosférica, es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Sin duda, la elevada concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es uno de los mayores quebraderos de cabeza, ya que es muy difícil bajar sus niveles de emisión y, en consecuencia, poder cumplir lo que nos exige el Protocolo de Kioto y las siguientes normativas con él relacionadas. Sólo un ingente desarrollo de las energías renovables y los deseables procedimientos de captura industrial de dicho gas, hoy todavía no operativos a gran escala, podría empezar a controlar su efecto negativo.
En relación con el «malvado» gas, quiero decir que sí, que su presencia en la atmósfera es, sin duda, la mayor causa del cambio climático. Pero yo, como profesor, siempre me refiero a él como «héroe y villano». «Villano», «malote» como dice mi nietecillo, por lo que todos conocemos, y «héroe», porque sin él no es posible la vida, y porque si sin su presencia en la atmósfera, sin dar lugar a un «ligero efecto invernadero», los rayos solares, después de incidir en la superficie de la tierra, escaparían libremente al espacio interestelar, y se provocaría una era de glaciación, en la que me temo que tendríamos poco que hacer, los que ahora tanto nos preocupamos por el calentamiento global.
La situación la ha creado el hombre, porque a lo largo de un enorme periodo de tiempo, ha abusado desmesuradamente de la biosfera en la que habita, no ha permitido que los mecanismos de autorregulación ecológica cumpliesen su función; ha roto el equilibrio que preside el ciclo del carbono. Quemar combustible para calentarse, para cocinar sus alimentos,…, talar árboles para sus viviendas, o para construir barcos, fue asumible. Los grandes sumideros naturales de dióxido de carbono, las aguas oceánicas y los grandes bosques compensaban el vertido contaminante. Después llegó la máquina de vapor, el desarrollo de la revolución industrial, el disponer de medios de transporte autónomos del viento,…, la mejora de la calidad de vida en una sociedad desarrollada… Sin duda, el nivel de vertido gaseoso a que nos referimos fue creciendo exponencialmente, y si bien es verdad que el sumidero acuoso ahí está, a lo largo del tiempo, la tala de árboles y los incendios de los bosques han provocado situaciones irreversibles. En tono jocoso, llevo años insistiendo en que si alguno de mis alumnos llega a tener responsabilidad política, aunque solo sea a nivel local, que por favor, plante árboles, y que, por supuesto, los riegue y los cuide.
Pero yo no escribo estas líneas para contar cosas que todo el mundo sabe, no, si no porque muy próxima mi jubilación, me ha dado por hojear la prensa del siglo XX.
Por cierto, es curioso que en el conflicto aludido, cuyas repercusiones fueron definitivas para el nacimiento de un Japón imparable, y el hundimiento del zarismo, las técnicas del ataque japonés a Port-Arthur, en aquel tiempo base naval rusa en el Lejano Oriente, fueron prácticamente las mismas, que años más tarde se utilizaron en Pearl Harbour, con ataque aéreo, en vez de torpederos.
El problema estratégico entonces fue la distancia y el abastecimiento de carbón de la flota rusa, carbón que al quemarse, sin duda alguna contaminaba de dióxido de carbono la atmósfera. ¿Cuánto de este contaminante no se vertería después del fenómeno manifestado por el periodista, tanto en los desplazamientos de las flotas como en la decisiva batalla de Tsushima?
Y después, qué pasó? ¿Qué hizo la Humanidad en la Primera Guerra Mundial? ¿Qué no se contaminaría en la Segunda? Los barcos quemaban carbón, después combustible líquido, pero ambos liberaron dióxido de carbono; y no hablo de lo que contaminaron los explosivos, ni quiero referirme al horror nuclear de Hiroshima y Nagasaki. Además, no podemos olvidarnos de los «vertidos contaminantes» en los diferentes conflictos bélicos locales, que han asolado la faz de la tierra; de las emisiones provocadas en los incendios de los yacimientos petrolíferos y masa arbóreas, en las catástrofes naturales y en las erupciones volcánicas.
Pero no acabemos en tono catastrofista, ni bélico, hablemos en términos de bienestar. Además de todo eso, en una parte de la Humanidad —ese es otro gran problema— vivimos mucho mejor que nuestros mayores, nos desplazamos más, pasamos menos calor y menos frío, construimos más, —infraestructuras, redes viarias, viviendas— nos hemos desarrollado industrialmente en una curva ascendente. Eso es bueno, pero lleva ligado un coste, ya que para ello hemos necesitado energía útil, y para producirla, no nos tapemos los ojeos, en el mundo —a parte de la energía nuclear— se quema mucho carbón, se quema mucho fuel y se quema mucho gas natural; hemos mejorado, sin duda, el rendimiento de las centrales térmicas, pero seguimos vertiendo cantidades ingentes de dióxido de carbono a nuestra pobre y sufrida atmósfera. Solo la Ingeniería Química, puesta al servicio de la Ingeniería Medioambiental, y el empleo de fuentes energéticas no productoras de dióxido de carbono, junto con la futura disponibilidad de sumideros del nocivo gas, podrán controlar más o menos pronto, los efectos de la contaminación. Pero como yo quizá no lo vea, sigo insistiendo a mis alumnos, ¡plántenme árboles, riéguenmelos y cuídenmelos!
JOAQUÍN RODRÍGUEZ GUARNIZO ES PROFESOR DE INGENIERÍA MEDIOAMBIENTAL DE LA UCLM

El Gobierno de Canarias asegura que la contaminación atmosférica en Santa Cruz no ha superado los límites permitidos

“La contaminación atmosférica derivada de la aglomeración de Santa Cruz de Tenerife-San Cristóbal de La Laguna no ha superado el valor límite establecido para la protección de la salud humana en los últimos años”. Así lo revela un informe sobre los niveles medios de este componente medidos en las estaciones de Casa Cuna (Red de Cepsa) y Tomé Cano (Red de Salud Pública), cuyos resultados ha dado a conocer la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio del Gobierno de Canarias.

Los niveles medios anuales de benceno, según informó en un comunicado, registrados en dicha área desde 2004 hasta la actualidad no han alcanzado el valor límite anual legal de 5 microgramos por metro cúbico que establece la normativa vigente, según apunta el informe elaborado al respecto.

El Real Decreto sobre evaluación y gestión de la calidad del aire ambiente en relación con el dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, óxidos de nitrógeno, partículas, plomo, benceno y monóxido de carbono, es el que establece, con relación al benceno, en su Anexo V, el valor límite para la protección de la salud humana, siendo dicho valor límite, el promedio de 5 microgramos por metro cúbico durante el periodo del año civil. La misma norma señala los requisitos en cuanto a los puntos de muestreo y las normas de referencia para la medición de dicho contaminante.

En la aglomeración de Santa Cruz de Tenerife-San Cristóbal de La Laguna, la evaluación de la calidad del aire respecto al benceno se viene realizando de acuerdo con la normativa citada estableciendo los puntos de muestreo necesarios y realizándose mediciones continuas directas de los niveles de benceno de manera continua en las dos estaciones fijas que son la de Tomé Cano de la Red pública de Salud Pública y, desde el año 2008, la estación de Casa Cuna de la Red de CEPSA.

De las mediciones realizadas en los últimos años, han resultado los siguientes valores medios anuales de los niveles de benceno en las citadas estaciones: en la de Tomé Cano se contabilizó una media anual de 1,56 microgramos por metro cúbico durante 2004; 1,75 durante 2005; 1,62 en 2006; 1,43 en 2007; y 1,38 en 2008. Durante el año 2008 en la estación de Casa Cuna se midió 2,04 microgramos por metro cúbico.

DRÁSTICA REDUCCIÓN

Aún no superándose los valores límites legales, la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación Territorial del Ejecutivo canario prevé una drástica reducción de los niveles de benceno y del resto de compuestos orgánicos volátiles en el aire de Santa Cruz de Tenerife con la consiguiente mejora de la calidad del aire, gracias a la puesta en marcha de acciones tendentes a mejorar la atmósfera.

El departamento autonómico, dado que la normativa de calidad del aire dispone la necesidad de establecer medidas para mantener esta calidad por debajo de los valores límite de forma que se obtenga una mejora compatible con el desarrollo sostenible, a través de la autorización ambiental integrada de la refinería de CEPSA de Santa Cruz de Tenerife ha impuesto a este establecimiento, de acuerdo con las mejores técnicas disponibles al respecto, la aplicación de un programa de detección y reparación de fugas accidentales de compuestos orgánicos volátiles entre los que se encuentra el benceno, que va a suponer entre los años 2008 (fecha de la resolución de la autorización ambiental integrada) y 2011, su aplicación a todas las instalaciones de la refinería. De esta forma y gracias a esta medida se prevé la drástica reducción de los niveles de benceno y del resto de compuestos orgánicos volátiles en el aire de Santa Cruz de Tenerife antes señalada.

Las emisiones de benceno son emisiones difusas que se emiten en pequeñas cantidades desde los vehículos a motor o de fugas accidentales de las instalaciones industriales sin que en ningún modo sean emisiones autorizadas de manera expresa, según indica la Consejería.

Para la mejora de la evaluación de la calidad del aire respecto al benceno a través de la autorización ambiental integrada de la refinería de CEPSA de Santa Cruz de Tenerife, también se ha impuesto que este establecimiento disponga en su red de cinco estaciones de analizadores en continuo de benceno, tolueno y xileno, cuyos datos, además de servir para la evaluación de la calidad del aire, podrán servir para ofrecer información ambiental a los ciudadanos.

Además, la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación Territorial del Ejecutivo canario culminará la instalación este año de una nueva estación fija de calidad del aire en Santa Cruz de Tenerife que también dispondrá de analizadores en continuo de benceno, tolueno y xileno. Con todo ello, sobre la mejora de la evaluación de la calidad del aire respecto al benceno se dispondrá de un total de siete estaciones fijas midiendo en continuo estos componentes.